En agosto de 2026, el mercado mexicano de motocicletas off-road enfrenta una inflexión histórica: las motocicletas de enduro y trial con motor de combustión interna —tradicionales en ranchos veracruzanos, pistas de Xochimilco y competencias regionales como el Rally del Golfo— registran una caída sostenida del 38 % en ventas anuales según datos preliminares de la Asociación Mexicana de la Industria de Motocicletas (AMIM). Mientras marcas como Honda, Yamaha y KTM reducen su portafolio de modelos de 250cc a 450cc con carburador o inyección electrónica, empresas emergentes con sede en Querétaro y Guadalajara aceleran el lanzamiento de motocicletas eléctricas especializadas para terrenos irregulares, con autonomías que ya superan los 95 km por carga y tiempos de recarga rápida bajo los 35 minutos.
El declive silencioso de las motos a gasolina
No es un fenómeno repentino, sino el resultado de una convergencia de factores regulatorios, económicos y culturales. Desde 2023, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) exige certificación de emisiones Euro 5 para todo vehículo nuevo de dos ruedas destinado a uso recreativo en áreas protegidas —una norma que ha impactado directamente a más de 120 escuelas de motociclismo en estados como Veracruz, Puebla y Estado de México. Además, el aumento acumulado del 62 % en el precio del litro de gasolina premium entre 2022 y 2026 ha elevado el costo operativo promedio de una moto de 450cc en un 47 %, según cálculos del Instituto Mexicano del Transporte (IMT).
¿Qué dicen los usuarios reales?
En la zona rural de Coatepec, Veracruz —donde el enduro forma parte del tejido social desde los años 80—, el taller de Miguel Ángel Reyes reporta que el 74 % de sus reparaciones en 2025 fueron para motos de gasolina fabricadas antes de 2018. «Ya no hay repuestos oficiales para muchos modelos; tenemos que fabricar piezas en impresoras 3D o adaptar componentes de motos japonesas», explica. En contraste, en la Ciudad de México, el club MotoTierra, con más de 1,200 socios activos, registró un crecimiento del 112 % en inscripciones de motociclistas que optaron por versiones eléctricas en 2025, principalmente por menores costos de mantenimiento y menor ruido —clave en zonas urbanas y áreas naturales cercanas a la capital.
Tecnología eléctrica: más que una alternativa, una nueva categoría
Las motocicletas eléctricas para off-road ya no son prototipos experimentales. Modelos como el Toro MX-7, desarrollado por una startup mexicana en alianza con ingenieros de la Universidad Autónoma de Nuevo León, ofrece 42 kW de potencia pico, torque instantáneo de 210 Nm y chasis de aluminio reforzado diseñado para resistir impactos en lodo, roca y pendientes superiores al 45 %. Su batería de iones de litio de 4,8 kWh permite hasta 5 horas de conducción continua en modo trail mixto —equivalente a 3–4 salidas semanales típicas para aficionados veracruzanos— y soporta 1.500 ciclos de carga sin pérdida significativa de capacidad.
Infraestructura y apoyo gubernamental
Aunque aún incipiente, la red de recarga para vehículos ligeros en zonas rurales avanza: en Veracruz, el programa Electromovilidad Rural de la Secretaría de Energía ha instalado 47 estaciones de carga rápida en municipios como Huatusco, Orizaba y Tuxpan, con prioridad en centros deportivos y parques ecoturísticos. Estas estaciones ofrecen conectividad tipo CCS Combo 2 y permiten recargar hasta el 80 % de la batería en menos de media hora. A nivel federal, el Programa Nacional de Electromovilidad 2024–2030 incluye incentivos fiscales del 25 % para adquisición de motocicletas eléctricas certificadas por la Profeco, así como exención del impuesto sobre tenencia o uso de vehículos durante cinco años.
El factor cultural: tradición vs. innovación
La transición no es solo técnica: es simbólica. El rugido del motor de cuatro tiempos ha sido parte de la identidad de generaciones de pilotos latinoamericanos. Sin embargo, nuevas comunidades digitales —como el foro EnduroVerdeMX, con más de 28,000 miembros activos— están redefiniendo el concepto de rendimiento: “Antes medíamos velocidad por decibelios; ahora lo hacemos por eficiencia energética por kilómetro y tiempo de respuesta del acelerador”, señala Daniela Mendoza, ingeniera mecánica y coordinadora de pruebas en una asociación de usuarios de motos eléctricas en Jalisco.
Desafíos pendientes
- Costo inicial: Una moto eléctrica de gama media cuesta entre 145,000 y 210,000 pesos, frente a los 85,000–120,000 pesos de una gasolina equivalente (aunque el TCO a cinco años favorece a la eléctrica en un 31 %).
- Reciclaje de baterías: México aún carece de una cadena nacional formal de recolección y reutilización de baterías de litio para vehículos ligeros.
- Capacitación técnica: Menos del 12 % de los talleres autorizados en el país cuentan con personal certificado en diagnóstico y reparación de sistemas de propulsión eléctrica.
La pregunta ya no es si desaparecerán las motocicletas de enduro a gasolina, sino cuándo dejarán de ser la opción dominante. En 2026, su presencia en eventos oficiales de la Federación Mexicana de Motociclismo se redujo al 33 % del total de inscritos —frente al 79 % registrado en 2019. Las estadísticas sugieren que, para 2029, las motos eléctricas podrían representar más del 60 % del mercado recreativo off-road en México, especialmente en estados con fuerte vocación turística y regulaciones ambientales avanzadas como Quintana Roo, Baja California Sur y Veracruz.
Para el lector que aún duda: no se trata de abandonar la pasión, sino de actualizarla. La tecnología no elimina la adrenalina del salto en una curva de terracería ni la concentración necesaria para atravesar un arroyo pedregoso. Simplemente cambia la fuente de energía —y con ella, las reglas del juego. Lo que sí es irreversible es la exigencia de mayor eficiencia, menor huella ambiental y mayor accesibilidad técnica. Quienes hoy invierten en formación, infraestructura y adaptación estarán liderando la próxima década del enduro mexicano.



