Negal Ciliberto, director general de Philips para México y Centroamérica, presentó en Veracruz una visión estratégica sobre salud digital durante un foro regional celebrado a finales de agosto de 2026. La tesis central: ampliar el acceso a servicios médicos oportunos no depende solo de más hospitales ni más médicos, sino de reconstruir los flujos clínicos con plataformas tecnológicas integradas —y lo hace en un momento crítico para el sistema nacional de salud.
El reto real no es la infraestructura, sino el tiempo
México enfrenta una presión sin precedentes: la población mayor de 65 años crecerá 137% entre 2020 y 2050, según datos del INEGI y la OCDE. Al mismo tiempo, las enfermedades crónicas representan ya el 78% de las muertes en el país, con cardiopatías y cáncer liderando las causas de morbilidad. En Veracruz, donde el 42% de los municipios carece de especialistas en oncología o neurología, la brecha geográfica se suma a la escasez de talento: el país registra apenas 2.6 médicos por cada mil habitantes —muy por debajo del promedio latinoamericano (3.4) y lejos del estándar recomendado por la OMS (4.4).
Cuando cada minuto clínico vale más que un recurso físico
En los hospitales públicos del estado, un radiólogo promedio analiza entre 60 y 85 estudios diarios; en centros privados de alta demanda, esa cifra supera los 120. Pero hasta el 30% del tiempo se pierde en tareas administrativas: carga de historias clínicas, transcripción de hallazgos, coordinación interdepartamental. Un estudio de la Secretaría de Salud federal reveló que los profesionales dedican casi 2.4 horas diarias a gestión burocrática —tiempo que podría redirigirse a diagnósticos tempranos o seguimiento personalizado.
Plataformas conectadas: más que dispositivos, ecosistemas clínicos
La apuesta de Philips no gira en torno a herramientas aisladas, sino a ecosistemas interoperables que integran resonadores, sistemas PACS, historias electrónicas y algoritmos validados clínicamente. En el Hospital Universitario de Xalapa, una implementación piloto redujo en 41% el tiempo de procesamiento de estudios de tomografía computarizada, permitiendo atender un 22% más de pacientes diarios sin incrementar personal ni turnos. Lo clave: la tecnología no sustituye al médico, sino que filtra, prioriza y contextualiza —por ejemplo, señalando automáticamente casos con sospecha de infarto agudo o nódulos pulmonares con alto riesgo de malignidad.
Interoperabilidad como condición mínima, no como ideal
En Latinoamérica, menos del 18% de los hospitales públicos cuentan con sistemas de salud interoperables certificados bajo estándares HL7/FHIR, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicado en 2025. Sin esta base técnica, las soluciones digitales se convierten en islas de datos. Por eso, las iniciativas en Veracruz priorizan arquitecturas abiertas: desde la integración con el Sistema Único de Información en Salud (SUIS) hasta compatibilidad con plataformas locales como el Expediente Clínico Electrónico Estatal (ECEE-VER). El objetivo no es imponer un estándar único, sino garantizar que los datos fluyan —del centro de salud rural al hospital de tercer nivel— sin pérdida de significado clínico.
Ética, gobernanza y soberanía de los datos en salud
La adopción tecnológica no puede ignorar los marcos legales vigentes. La Ley General de Protección de Datos Personales en Posesión de Sujetos Obligados y la reciente Norma Oficial Mexicana NOM-025-SSA2-2023 establecen límites claros sobre el uso de información sensible. En este contexto, las plataformas desplegadas en instituciones veracruzanas operan con procesamiento local de imágenes, cifrado end-to-end y auditorías automáticas de acceso. Ningún dato clínico sale del territorio nacional sin consentimiento explícito y autorización de la Comisión Nacional de Protección de Datos Personales (INAI). Además, todos los modelos de inteligencia artificial (IA) aplicados en diagnóstico auxiliar han sido validados por el COFEPRIS y sometidos a pruebas clínicas multicéntricas en el IMSS y el ISSSTE.
Del laboratorio al consultorio: innovación centrada en el usuario
Una solución tecnológica fracasa si no resuelve dolores reales. En comunidades indígenas de la Sierra de Zongolica, equipos móviles equipados con ecógrafos portátiles y software de soporte diagnóstico han reducido los tiempos de derivación a especialistas en un 65%. En Tuxpan, una plataforma de telemedicina integrada con triaje automatizado ha disminuido un 39% las visitas innecesarias a urgencias pediátricas. Lo común en ambos casos: diseño participativo con médicos generales, enfermeras comunitarias y técnicos en salud indígena desde la fase de prototipado.
Hacia un sistema más resiliente, justo y humano
La salud conectada no es un lujo para hospitales de élite. Es una estrategia de equidad: permite que un cardiólogo en Córdoba supervise en tiempo real un electrocardiograma tomado en un centro de salud de Tantoyuca, o que un oncólogo en Orizaba revise imágenes de biopsia digital desde un dispositivo móvil mientras viaja a una comunidad alejada. En un país donde el 53% de los mexicanos aún no tiene acceso a servicios especializados dentro de su municipio, estas capacidades no son futuristas —son urgentes.
El futuro no pertenece a quien compre más tecnología, sino a quien logre tejerla con sentido clínico, ético y territorial. Para los tomadores de decisión en salud pública, proveedores de servicios y profesionales en campo, la acción inmediata no es esperar nuevas inversiones, sino revisar los procesos actuales: ¿qué tareas repetitivas consumen tiempo valioso? ¿Qué datos están disponibles pero no se articulan? ¿Qué brechas geográficas o sociales pueden cerrarse hoy con conectividad inteligente? La respuesta no está en un solo dispositivo, sino en la voluntad de construir sistemas que pongan a las personas —no a la tecnología— en el centro de cada decisión.



